Conflicto chileno – peruano de 1868

Conflicto en Londres por acuerdo de Chile con España
para retirar dos corbetas retenidas por la guerra

En octubre de 1867 llegó a Londres don Maximiliano Errázuriz como ministro plenipotenciario en misión especial para comprar armas en Europa. El 17 de noviembre de 1867, Errázuriz envió desde Londres una nota al gobierno comunicando que el representante de España se había acercado a proponerle un convenio que permitiera tanto a Chile como a España, sacar de Inglaterra los buques terminados de construir que estaban retenidos a causa de la guerra. El representante de Chile aceptó previa consulta a su gobierno, con la condición que se permitiera a los aliados (Bolivia, Chile, Ecuador y Perú) comprar buques y armamento hasta igualar el valor de los buques españoles. Don Maximiliano informó de la negociación en curso al representante peruano coronel J. Jara Almonte, quién se presentó como Encargado de Negocios del Perú en Londres y dio su beneplácito.

El ministro Vargas Fontecilla en nota del 31 de diciembre de 1867 autorizó as Errázuriz a firmar el convenio; temiendo que no hubiera alcanzado a firmarlo, el 10 de nero de 1868 dirigió una nota a Alberto Blest Gana, quién asumiría la representación en Europa, con instrucciones para firmarlo. El gobierno español aceptó las condiciones y el 6 de enero de 1868 Errázuriz junto con el representante español presentaron el acuerdo al gobierno inglés.

El Foreign Office pidió que se incluyeran aclaraciones

<< tendentes á dejar establecido de un modo incontrovertible, que el Gobierno de Su Magestad al conceder las Licencias para la salida de los buques de ambas partes, no contraia compromiso de ningun género acerca de la concesion de nuevas licencias que se solicitáran para. sacar de este pais otros elementos de guerra con que compensar la diferencia de valores que existe entre dichos buques>>.

Errázuriz retornó a Chile y el convenio modificado fue presentado nuevamente el 18 de febrero de 1868, concurriendo en representación de Chile don Juan De Dios Merino Benavente por no haber arribado todavía el nuevo ministro plenipotenciario de Chile, don Alberto Blest Gana.

Las corbetas chilenas, “Chacabuco” y “O’Higgins”, se tasaron en 137 mil libras y las fragatas españolas en 540 mil libras, quedando en consecuencia a los aliados 403 mil libras para comprar barcos u otro tipo de armamento. La cancillería chilena, estimando que el excedente a favor de los aliados iba a permitir al Perú la compra de los monitores Atahualpa y Manco Capac, había mantenido informado al ministro del Perú en Santiago, don José Pardo, de todas las gestiones.

La primera presentación del convenio en Londres, el 6 de enero de 1868, coincidió con el derrocamiento de Prado y la primera acción de su sucesor, el general Canseco, fue anular <<todo lo obrado por el dictador>>. Más tarde se aclaró que esa anulación no incluía la alianza, sin perjuicio de que sus términos fueran revisados por el Congreso.

Estabilizada la situación política en Perú, las nuevas autoridades no habían recibido ninguna información ni del ministro en Santiago, José Pardo, ni del coronel Jara Almonte. Así, el plenipotenciario en Europa, señor Rivero, cuando se enteró del convenio, ordenó a Jara Almonte que gestionara la suspensión del convenio con España hasta tener información e instrucciones del nuevo gobierno.

El 5 de marzo de 1868, el embajador Blest recibió la visita del ccoronel Jara Almonte, quién le informó que iba a protestar ante el gobierno británico del acuerdo con España y a solicitar que se retuvieran las corbetas chilenas, alegando que Chile no obtuvo y ni siquiera solicitó la conformidad del Perú para formalizar el convenio.

Los representantes peruanos, tratando de obtener que el gobierno británico suspendiera la licencia ara la salida de los buques, también gestionaron en la Cámara de los Comunes una interpelación; la hizo Mr. Veguelin, el 12 de marzo a lord Stanley, e iniciaron una campaña de prensa contra la actitud del gobierno británico. Incluso gastaron no poco dinero en consultas a bogados para ver si podían obtener por la vía judicial lo que no lograban por la diplomática. Las publicaciones en la prensa desataron una disputa por los diarios con la legación chilena.

Finalmente, el gobierno inglés no acogió la protesta y Lord Stanley contestó el 24 de marzo de 1868 al representante del Perú:

<<(…) El gobierno de Su Majestad considera que el Perú, como aliado de Chile queda obligado por este convenio hecho por Chile con España; y no puede por tanto suspender los efectos de las licencias que, por la petición que le hicieron los ministros chileno y español, ha concedido para los fines de que se trata. (…) >>

y las corbetas zarparon de Inglaterra el 2 de abril y llegaron a Valparaíso el 2 de julio de 1868.

El incidente dio origen a un copioso intercambio de notas entre las canciullerías de Chile y Perú; requerido el señor Jara Almonte, negó que el ministro Errázuriz le hubiera comuinicado la negociación. El incidente se produjo en medio de los tumultos anti chilenos en Lima, y en Santiago se creyó ver una actitud hostil hacia Chile en un empeño por impedir que aumentara su armamento.

Finalmente quedó establecido que el ministro José Pardo omitió informar a Lima y que Jara Almonte había asumido un papel que no le correspondía y había informado tarde y mal a su jefe, el plenipotenciario Rivero. El ministo Polar, en su memoria al Congreso de Julio de 1868, da cuenta del fin del incidente:

<<En cuanto a la conducta, no del Sr. Jara-Almonte que, al protestar cumplió una órden de su Jefe, sino del Sr. Rivero, se dijo que el Gobierno del Perú debia apreciarla bajo el punto de vista de la situacion en que ese agente Diplomático se vió colocado, no deplorando, menos, por esto, que las cosas hubiesen llegado a tal extremo.>>

Toda la correspondencia intercambiada entre las cancillerías está en la memoria que el ministro Juan Manuel Polar presentó al Congreso peruano en julio de 1868.

Carta de Jara Almonte ebn qque niega haber dado su
benplacito a Errázuriz

Londres, 5 de Marzo (le 1868..
Señor Encargado de Negocios:

(…)

No he podido imponerme sin sorpresa, del carácter que el Sr. Ex-Ministro Errázuriz dió á la conversacion amistosa que tuvo conmigo en Diciembre, conversacion que para merecer el calificativo de conferencia oficial, que US. se digna atribuirle, habria sido preciso que constase en notas ó en protocolo. cella no pasó sino lo que expuse a US. en mi anterior comunicacion, y debo agregar, que no convine porque no podia, ni me competia convenir en que se llevase adelante el arreglo solo en nombre de Chile. ‘

El Sr. Ex-Ministro sabia cual era mi posicion: inmediatamente subordinado al Señor Plenipotenciario residente en Paris, mi parecer, aun suponiendo que lo hubiese expresado en tal sentido, no podia tener ningun valor oficial. No podia ocultarse al Sr. Errázuriz que en asunto de tanta importancia y gravedad, el Agente del Perú se abstendria de tomar una determinacion sin órdenes de su Gobierno, así como él mismo, sin las facultades que tenia del suyo, no hubiera podido acoger Ia propuesta de España.

Mas concediendo que el Sr. Rivero hubiera recibido autorizacion suficiente para suscribir á tal propuesta y convenir en que se condujese la negociacion solo por parte de Chile, natural era pedirle de oficio aquiescencia, directamente ó por mi conducto, y esperar su respuesta para proceder. (…)

[Firmado] J. Jara Almonte.

Carta de Maximiliano Errázuriz refiriendo la conferencia
con Jara Almonte

Copia numero 447.
Santiago, Abril 28 de 1868.

(…)

Aunque en mis diferentes comunicaciones de Diciembre y Enero últimos tengo dada ú US. desde Lóndres cuenta exacta y detallada de todo lo relativo á esa negociacion, me apresuro a llenar los deseos de US., repitiendo cuanto toca al conocimiento que de ella di á aquella Legacion peruana y agrgando pormenores y consideraciones que entdnces crei escusados, no pudiendo suponer que el encargado de dicha Legacion diera una version tan diferente de los hechos.

Iniciada la negociacion hacia uno y medio ó dos meses, por conducto privado y enteramente confidencial, y habìéndome llegado muy oportunamente, durante ese tiempo, la órden de US. para proponer y llevar adelante esc arreglo, recibi en a mañana del 22 de Diciembre la noticia de que el Ministro de Marina de Madrid, en carta de que se me permitió copiar la parte que nos interesaba; convenía en los términos que yo desde el principio abia exigido, y que se enviaba ya instrucciones oficiales al representante español en Lóndres. Faltaba pues solamente formalizar este arreglo y obtener el consentimiento del Gobierno Británico.

Por la naturaleza de esta convencion que, aunque sin precedentes, tanto se asemejan al cange de prisioneros ó de presas, nunca crei que fuera indispensable el previo y ormal consentimiento de nuestros aliados, bien que pudiera haber otro género de razones para solicitarlo. De cualquier modo que fuera, no me tocaba á mi hacerlo ni era tampoco posible, puesto que solamente el Perú tenia un representante en Londres. Sin embargo de esto y antes de dar paso alguno oficial, pensé en ponerme de acuerdo con dicho representante, no solo como cortesia que se le debia, estuviera ó no prevenido por su gobierno de las disposiciones del mio, sino porque abrigaba la esperanza de incluir desde luego en el arreglo proyectado otras adquisiciones del Perú que junto con nuestras corbetas, vinieran a aumentar nuestros medios de defensa.

Resìdiendo en Paris el señor Rivero, E. E. y Ministro Plenipotenciario del Perú cerca de esa Corte y de la de St. James, la Legacion peruana en Londres estaba desde mi llegada á Europa a cargo de su Secretario señor Jara Almonte, como Encargado de Negocios. Siendo festivo el citado dia 22 y habiendo ya dado principio á mis visitas de despedida, como que mi partida se acercaba, fui el mismo dia á casa del citado señor Jara Almonte y despues de despedirme de su Señora y cuando el salia á dejarme á la puerta, le dije que deseaba hablar con el sobre un negocio importante de a Legacion y que tendria el gusto de verlo en su despacho el dia siguiente. Se ofreció pasar él al mio y quedamos convenidos en la hora. El siguiente dia, á su llegada, estaba conmigo y quedo durante toda nuestra entrevista el señor. Gaspar del Rio, ex-intendente de Llanquihue, que desinteresadamente habia ido de Paris á compartir mis tareas i servirme de Secretario, mientras quedé solo en la Legacíon. Lo presente al señor Almonte diciendole que, aunque era todavia reservado el negocio de que ibamos á hablar, bien podiainos hacerlo ou su prcsencia por hallarse al cabo de el. Llamo la atencion de VS. á circunstancia, de la cual no di cuenta á VS eni mis comunicaciones desde Lóndres, como que estaba lejos de figurarme que necesitaria de testigos. Y me es ahora tanto mas valioso este testimonio, cuanto, que muy poco despues y con el mismo señor del Rio, redactamos, viniendo de su puño y letra, la relacion hecha á US. de lo sustancial de aquella conversacion, que paso á referir á US. de nuevo, con algunos mas pormenores que recuerdo.

Viendo que el señor Almonte no tenia por su gobierno noticia alguna de lo que habia entre mano, lo impuse de lo hacho hasta entonces, (…) y saber si el Perú tenía algun elemento de guerra que incluir desde luego en el acuerdo. Habiendome dicho el que por el momento nada tenía, le pregunte sino seria posible salvar de esta manera el buque con armamentos que se decia tenian en San Thomas y aun el Rayo, si realmente pertenenecia al Perú. Me respondio que esa legacion no tenia nada que hacer con esos buques y que aun creia al primero perdido en el reciente gran huracan de San Thomas. Le dije entonces que en conformidad con mis instrucciones, concluiria si era posible el arreglo, y que aunque lo haria solamente en nuestro nombre y para sacar cuanto antes nuestras corbetas, nuestros respectivos gobiernos y sus aliados dispondrian como tuvieran por conveniente del gran margen que iba a quedar; y no solo no me hizo objecion de ninguna especie, conviniendo en que esto era lo mas acertado, sino que estuvimos igualmente de acuerdo en varias consideraciones que nos hacian mirar el acuerdo como muy particularmente ventajoso para los aliados, a pesar de ser aparentemente igual para ambas partes. (…)

Pero agrega el señor Almonte en la primera de las ocho notas citadas, que aun suponiendo que el hubiera convenido en todo, yo que conocia su posicion no debia dar a su opinion importancia alguna oficial y que si quise consultar al ministro del Perú pude hacerlo directamente o por su conducto y esperar la respuesta para proceder.

Ningun negocio habia tenido hasta entonces con la Legacion peruana y todo lo que , o creia saber era que desde mi llegada a Europa él la tenia a su cargo, en ausencia del señor Rivero que solo, muy de tarde en tarde, hacia una corta visita a Lóndres. Le creia ademas el carácter permanente de Encargado de Negocios del Perú, pues la primera vez que me hizo el honor de visitarme se hizo anunciar con una de sus tarjetas que casualmente conservo y que como US vera tiene ese titulo. Nada me parecio mas natural que el dirigirme a él para el unico asunto que se me ofreció con esa Legación y que nunca me podre esplicar que en toda esa larga conferencia, cuyo carácter no podia el por un instante desconocer aunque despues lo haya llamado confidencial, no me diera la menor idea de su posicion subalterna o me dijera que tenia que dar cuenta a su jefe antes de poderme dar respuesta u opinion alguna oficial.

Lo transcribo a US para su conocimiento y fines consiguiente

Dios guarde a US
Maximiliano Errazuriz
Al señor ministro de Relaciones Exteriores

Conforme
Abdon Cifuentes.

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