Revolución De Quevedo

EL GENERAL QUVEDO INTENTA REPONER EL GOBIERNO DE MELGAREJO Y EL  PERÚ ACUSA A CHILE DE COMPLICIDAD CON LA REVOLUCIÓN.

Los colaboradores del general Melgarejo que se habían refugiado en Perú después de su derrocamiento, complotaron su retorno bajo la égida del General Quintín Quevedo. Como el gobierno de Lima se dispusiese a internarlos en regiones alejadas, se trasladaron a Valparaíso y allí instalaron su cuartel general.

El gobierno de Lima seguía atentamente los movimientos de Quevedo y mantenía informado al gobierno boliviano; ayudaba en esta labor la misión diplomática del Perú en Santiago y su cónsul en Valparaíso, señor Adolfo Salmon.

Bustillo informó al gobierno de Chile el 18 de noviembre de 1871 que en el vapor “Tomé” había hombres y pertrechos para expedicionar sobre Antofagasta. El intendente Echaurren revisó el buque y encontró más de 100 hombres sin pasaje. Los hizo bajar, los puso a disposición de la justicia y requisó las armas.

Mariano Melgarejo fue asesinado en Lima el 23 de noviembre de 1871. Quevedo no se desanimó y preparó una nueva expedición que estuvo lista en Julio de 1872.

Compró armas sigilosamente y el bergantín a vela “María Luisa”. Contaba con unos 80 ciudadanos bolivianos y con unos 100 individuos de distintas nacionalidades.

Para burlar la vigilancia, despachó al “María Luisa” con las armas y las municiones el 27 de julio y embarcó sus hombres en el puerto de Los Vilos.

El 31 de julio de 1872, uno de los revolucionarios, Juan Antonio Michel, avisó a Manuel Alcalde, agente boliviano en Valparaíso, que el vapor “Paquete de los Vilos” zarparía transportando a los revolucionarios con rumbo a Antofagasta. Alcalde acompañado del cónsul del Perú y de Michel, avisó al Intendente del Puerto. El buque fue revisado, no se encontraron armas y los 20 pasajeros habían pagado su pasaje; Quevedo y Muñoz estaban ocultos en una bodega.

El intendente ofreció al cónsul del Perú retener el buque si lo solicitaba por escrito

<< a fin de que hubiese una persona oficial responsable de lo obrado>>

Salmón se negó a asumir esa responsabilidad y se declaró

<<satisfecho de lo obrado>>.

El “Paquete de los Vilos” zarpó en la madrugada del 1° de agosto.

Por su parte Bustillo informó al canciller Ibáñez de lo que ocurría, éste dio aviso a Coquimbo y Caldera para evitar el contrabando de hombres y armas, pero ya los conspiradores llevaban tres días navegando al norte. El gobierno dispuso el zarpe inmediato de dos corbetas de guerra

<<en prevención de cualquiera emergencia que de ese suceso pudiera resultar para resguardar, en caso necesario,los intereses chilenos allí radicados >>

También el canciller Adolfo Ibáñez impartió las siguientes instrucciones al cónsul en Caracoles:

<<Santiago, agosto 12 de 1872

(…) un movimiento revolucionario, iniciado y llevado a cabo en el litoral boliviano por don Quintín Quevedo, ha ido a trastornar el orden establecido en aquella parte de la república, donde existen valiosos intereses chilenos y donde convenía que la tranquilidad pública nunca fuese alterada

(…)

Y lamento tanto más este suceso cuanto que al parecer se ha organizado en nuestros puertos y por emigrados bolivianos la expedición que ha ido a sorprender a las autoridades de ese litoral, sin que haya sido posible evitarlo y estorbarlo,

(…)

hago a U.S. el muy especial e importante (encargo) de procurar por todos los medios que estén a su alcance el que nuestros nacionales no tomen parte alguna en el movimiento revolucionario, amonestándoles primero con este objeto y apercibiéndolos enseguida de que si observan una conducta contraria, mi gobierno se vería en el doloroso pero imprescindible deber de dejarlos abandonados a su propia suerte y expuestos por consiguiente a los fatales resultados.

(…)

Dios guarde a U.S.
Adolfo Ibáñez.>>

En la mañana del 6 de agosto de 1872, el “María Luisa” y el “Paquete de los Vilos” aparecieron en la rada de Antofagasta y sus pasajeros desembarcaron sin levantar sospechas. Los insurrectos se organizaron sin inconvenientes y ocuparon la plaza. Las autoridades, impuestas de lo que ocurría, se reunieron, resolvieron no oponer resistencia y se embarcaron en vapor “Lamar”, que estaba listo para zarpar al norte.

Muchos residentes bolivianos se plegaron al movimiento y el número de tropa se elevó entonces a unos 350 hombres, entre ellos unos 30 chilenos. Después de tomada la plaza, se hicieron los nombramientos de los funcionarios para ocupar las diversas reparticiones y se colocaron proclamas en los sitios más concurridos, dirigidas una a la Nación y otra al Ejército.

Asegurada Antofagasta, Quevedo se propuso apoderarse de Cobija, a pesar de su guarnición reforzada. Con este fin embarcó a su gente en el “María Luisa”, para desembarcar en Tocopilla y marchar por tierra a Cobija, para tomarlo de sorpresa y por la retaguardia.

Entre tanto, apenas se supo en Cobija la ocupación de Antofagasta, el Prefecto señor Ruperto Fernández preparó su tropa para desalojar a los revolucionarios. El día 9 de agosto fondeó en Cobija el vapor “Paita”, y las autoridades pidieron al capitán que transportara la tropa a alguna caleta próxima a Antofagasta; el capitán aceptó conducirla hasta Mejillones, a donde llegaron a las 5 de la tarde de ese mismo día.

Demoraron varios días en organizar la marcha a Antofagasta. Estaban en eso cuando supieron que los revolucionarios habían aparecido en Tocopilla. El día 18 se embarcó otra vez con sus tropas rumbo a Tocopilla, en embarcaciones tomadas en el puerto.

El 19, después de armar con cañones dos lanchas (una de ellas a vapor) y conseguir algunas mulas, las fuerzas gobiernistas emprendieron la marcha, parte por mar y parte por tierra, en dirección a Tocopilla, donde estaban Quevedo y su tropa. El 22, a las 6 de la mañana, llegaron a Punta “Blanca”, distante 2 ½ leguas de Tocopilla.

El vaporcito “López Gama” que estaba en poder de los revolucionarios había sido armado con tres cañones, rompió sus fuegos, los que fueron contestados por los del gobierno. Momentos después el “López Gama” suspendió sus fuegos y se dirigió al centro de la bahía. Mientras tanto, las tropas del gobierno siguieron avanzando hasta llegar a la misma población, donde se les hizo una corta resistencia y finalmente, al inicio de la noche, los revolucionarios se embarcaron en el vaporcito “Morro”.

Cuando al día siguiente el Prefecto Fernández se aprontaba para reiniciar la lucha, se sorprendió con la nota que le envió el capitan de la corbeta Esmeralda que se encontraba en el puerto y observaba los acontecimientos desde lejos.

<<Comandancia de las fuerzas navales de la República de Chile en el litoral de Bolivia.
Tocopilla, Agosto 23 de 1872
Señor Prefecto:

El señor Quintín Quevedo, jefe de las fuerzas bolivianas que expedicionaban sobre este litoral, se me ha presentado por sí y a nombre de su gente, abordo de la corbeta “Esmeralda” en demanda de asilo, que se le ha concedido, hallándose a estas horas desarmado y dando por terminada la lucha en que se hallaba empeñado.

En consecuencia, y habiéndome también declarado que los vapores de que disponía, el “Morro”, que pertenece a las autoridades de Bolivia y el “López Gama”, al señor de este mismo nombre, tengo la honra de ponerlos desde hoy a la disposición de U.S. sirviéndose U.S. encargar a las personas que hayan de recibirlos del oficial de la Marina de Chile que actualmente los custodia.

(…)

Luis A. Lynch.-
A. S.S. el Sr. Prefecto del Departamento Litoral.>>

A esta comunicación, contestó el Prefecto con una atenta nota, en uno de cuyos párrafos decía:

<<Es muy satisfactorio para la autoridad superior del departamento litoral, que la lucha que provocaran el señor Quevedo y sus compañeros de expedición, haya terminado de la manera que U.S. me indica, y que el pabellón chileno, que simboliza la gloria de una nación hermana y aliada de Bolivia le sirva de asilo en su desgracia.>>

De esta manera, terminó la absurda expedición revolucionaria del general Quintín Quevedo.

El buque “María Luisa” fue capturado ese mismo día en Paquica, donde lo habían dejado en poder de tres marineros. Fue declarado “buena presa” por el Gobierno de Bolivia, y algún tiempo después se remató en subasta pública.

Se produjo un incidente diplomático entre Santiago y La Paz porque Bolivia reclamó la entrega inmediata de las armas requisadas a Quevedo, el comandante Lynch se negó a entregarlas antes de recibir instrucciones del gobierno, y éste consultó a su vez a los tribunales de justicia. Las armas fueron entregadas a Bolivia en enero de 1873.

Bustillo abrigaba la certidumbre de Quevedo había convenido privilegios para la explotación de minerales a algunos capitalistas chilenos que supuestamente financiaban la expedición y que en el plan revolucionario participaba el gobierno de Chile. Creyó que la expedición había tenido éxito y Bolivia se había sumido en la guerra civil. Este convencimiento lo representó al gobierno de Chile en términos de insólita rudeza. Dirigió una ofensiva carta al intendente de Valparaíso acusándolo de complicidad con los revolucionarios y al gobierno de santiago dirigió la carta que sigue :

<<Santiago, agosto 14 de 1872.
Señor:

Después del escandaloso atentado del bergantín María Luisa y Paquete de los Vilos, séale permitido al infrascrito, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia, interrumpir el silencio y alejamiento de S.E. el señor don Adolfo Ibáñez, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, para preguntarle respetuosamente: ¿Cuáles son las medidas que el Excmo. Gobierno de esta República se ha servido dictar para hacer efectiva la responsabilidad de todos los que han tomado parte en aquella notoria violación de la neutralidad de Chile en perjuicio de Bolivia?

(…)

Las consecuencias desastrosas de ese crimen se desencadenan a estas horas en Bolivia, (…)

Entre tanto, los inmediatos promotores y encubridores del crimen están acá, bajo la alta jurisdicción del Excmo. Gobierno de Chile. La conciencia publica señala con el dedo el tráfico infame y sangriento que movió su codicia a pertrechar y armar en guerra contra Bolivia el jefe del bando que la misma diplomacia chilena acaba de execrar ante el mundo con documentos irrefragables.

(…)

Rafael Bustillo.>>

La respuesta del gobierno chileno no se hizo esperar

<<Santiago, agosto 16 de 1872.

Contestada así netamente la interpelación de V.E., hállome en el caso de pedir a V.E. una pronta y categórica explicación de las vagas y genéricas insinuaciones que contienen los párrafos segundo y tercero de su nota que vengo contestando, espero que V.E., tratándose de tan grave asunto, no la retardara por un solo día.

(…)

Y si V.E., desentendiéndose del deber que su cargo le impone y echado en el olvido las prescripciones mas obvias de los principios fundamentales de toda sociedad medianamente organizada, se niega a esta necesaria e indeclinable exigencia o dilata su contestación mas allá del termino que la prudencia y su mismo deber le indican , mi gobierno quedara en plena libertad para apreciar como crea conveniente las ideas emitidas por V.E. y para proceder en consecuencia de la manera que su deber y su decoro le ordenen.

¿(…)

Adolfo Ibáñez.>>

Bustillo se puso a redactar una respuesta, pero como ésta demorara demasiado, el canciller Ibáñez le dirigió una nueva nota emplazándolo a responder. Bustillo devolvió la nota de Ibáñez, el gobierno de Chile declaró rota la relación con él y trasladó las conversaciones a La Paz, a cargo de don Santiago Lindsay.

El incidente no tuvo mayores repercusiones en las relaciones entre Chile y Bolivia, pero en al Perú se desató una activa campaña de prensa que culminó con el tratado secreto de 1873.

@Patricio González Granifo

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Fuentes
Francisco Antonio Encina : Historia de Chile
Roberto Querajazu C : Aclaraciones Históricas sobre la Guerra del Pacífico.
Alcides Arguedas Historia General de Bolivia
http://caminantesdeldesierto.blogspot.com/
http://www4.congreso.gob.pe
http://gdp1879.blogspot.com/
Pedro Yrigoyen: “LA Alianza Perú-Boliviano-Argentina Y La Declaratoria De Guerra De Chile

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